El Departamento de Defensa de los Estados Unidos emitió este viernes un balance oficial que actualiza la cifra de bajas militares en el marco de la operación "Furia Épica", el conflicto armado contra Irán iniciado el pasado 28 de febrero de 2026. Según los datos desglosados por el Sistema de Análisis de Bajas de la Defensa (DCAS), la cifra de militares estadounidenses fallecidos en combate asciende a 13, mientras que el número de heridos ha alcanzado los 365 efectivos. Este reporte, que llega en un momento de máxima tensión tras el reciente derribo de aeronaves de combate en la región, pone de manifiesto el creciente costo humano de una ofensiva que se ha extendido por poco más de un mes sin señales claras de una resolución diplomática inmediata.
El desglose de los heridos revela que el Ejército de los Estados Unidos ha soportado la mayor parte del impacto físico en el terreno, con 247 efectivos lesionados. Le siguen la Armada con 63 heridos, la Fuerza Aérea con 36 y el Cuerpo de Infantería de Marina con 19. En cuanto a las víctimas mortales, el Pentágono informó que siete de los fallecidos pertenecían al Ejército y seis a la Fuerza Aérea.
Las autoridades militares han señalado que la mayoría de estas bajas se han producido debido a ataques con misiles balísticos y drones suicidas lanzados por las fuerzas iraníes contra bases estratégicas, incluyendo ataques significativos contra la base aérea Prince Sultan en Arabia Saudita y otras instalaciones en Kuwait.
A pesar de la magnitud de las cifras, el Pentágono aclaró que este balance no incluye aún las posibles bajas derivadas de los incidentes ocurridos este mismo viernes, donde un caza F-15E Strike Eagle fue derribado sobre territorio iraní. En dicho evento, un tripulante fue rescatado con vida, pero el estado de un segundo militar permanece como desconocido, lo que podría aumentar la lista de fallecidos o desaparecidos en las próximas horas.
La Casa Blanca, bajo la administración del presidente Donald Trump, ha mantenido una postura de firmeza, asegurando que estas pérdidas no afectarán la estrategia militar ni las posibles vías de negociación con Teherán, aunque la presión interna en Washington comienza a intensificarse debido al número de soldados heridos.
El perfil de los afectados también ha generado debate en los círculos de defensa y en la opinión pública estadounidense. Los datos del DCAS indican que el grupo más afectado por las heridas en combate corresponde a militares mayores de 35 años, seguidos de cerca por el rango de edad entre los 25 y 30 años. Muchos de estos efectivos presentan lesiones por metralla y conmociones cerebrales debido a la naturaleza de los ataques de saturación con drones que Irán ha empleado de manera sistemática.
Mientras algunos soldados ya han sido reincorporados al servicio tras recibir tratamiento por heridas leves, otros han sido trasladados a centros médicos en Europa para cirugías complejas y rehabilitación a largo plazo.
En el ámbito geopolítico, este balance de víctimas ha servido para que diversos analistas cuestionen la viabilidad de la superioridad aérea que la administración estadounidense reclamaba al inicio de la campaña. El hecho de que Irán haya logrado infligir este nivel de daño, alcanzando incluso helicópteros de rescate y aviones A-10 Warthog en maniobras defensivas, sugiere una capacidad de respuesta técnica que el Pentágono podría haber subestimado.
Teherán, por su parte, ha utilizado estas cifras en su narrativa oficial para demostrar que su arsenal de defensa es capaz de sostener una guerra de desgaste contra una superpotencia, mientras el Estrecho de Ormuz sigue bajo una amenaza constante que mantiene en vilo a los mercados energéticos globales.
La publicación de este informe se produce en medio de una creciente ola de protestas en varias ciudades de Estados Unidos, donde veteranos y familiares de militares exigen claridad sobre los objetivos estratégicos finales de la guerra. Con el costo humano superando ya las 370 bajas totales entre muertos y heridos en apenas cinco semanas, la presión sobre el Congreso para que intervenga en la gestión del conflicto es cada vez mayor.
Por ahora, el Pentágono continúa con las operaciones de búsqueda y rescate en la provincia de Khuzestán, mientras las familias de los 13 caídos comienzan a recibir las notificaciones oficiales en lo que se perfila como el capítulo más sangriento de la presencia estadounidense en Oriente Medio en la última década.